APUNTES SOBRE EL LÉXICO EN LAS FAENAS AGRÍCOLAS DE LA POSGUERRA EN LORA DEL RÍO
Las condiciones de vida de la posguerra en Lora no difieren mucho de las de cualquier zona española pero el repaso de las costumbres y faenas agrícolas que se realizaban podrían llevarnos a la comparación con las actuales y, por supuesto, nos resultarían familiares todos los términos que se usaran en su exposición. Esto nos llevó a pensar que, tal vez, el recordarlas, en su totalidad o en parte, sirviesen de utilidad a algunas personas para rememorar el pasado (según su edad) y a otras, las más jóvenes, para valorar en su justa medida todo aquello que no conocieron.
Para la elaboración de este artículo necesitábamos informantes que hubiesen vivido esta época en primera persona y que estuviesen dispuestos a compartir su experiencia. También tendrían que cumplir otro requisito: ser agricultores y haber vivido su infancia en el campo pues queríamos centrarnos en el uso de términos agrarios y costumbres relacionadas con la vida rural. Con estas premisas, encontramos a tres personas a las que no les importó prestarnos su colaboración y que se convierten, así, en los verdaderos artífices del presente artículo por ser protagonistas y narradores, limitándose nuestro papel al de mero transcriptor: Salvador Álvarez Castro, Antonio León Aguilera y José Antonio Valenzuela Aranda. Igualmente queremos agradecer a Juan Manuel Rodríguez Paredes que nos permitiera fotografiar aperos de labranza del Bodegón El Caballo que nos han servido para ilustrar el artículo.
En aras de la información para aquellos que no conocen las faenas agrícolas a las que nos referimos, iremos aclarando algunos términos según vayan apareciendo en la narración. Nos basaremos en el DRAE, siempre que sea posible, o nos limitaremos a dar la explicación que nos aporten nuestros informantes.
Situémonos en los años entre 1940 y 1950 en los que las familias debían sobrevivir con poco y en los que el trabajo se ejercitaba desde la infancia. Eran tiempos muy duros pero, si la carga era compartida, era menor, por lo que los núcleos familiares se componían de varios matrimonios emparentados que vivían en chozos o en cortijos cercanos.
Hasta los inviernos eran más crudos pues llovía desde los Santos hasta febrero e incluso, a veces, más. Con un invierno tan largo y sin poder realizar otras faenas agrícolas, se dedicaba el tiempo a volver estiércol, limpiar las cuadras, mancillar tabaco, varillar olivos...
- volver estiércol: los gañanes (encargados de arar con la yunta de vacas o de mulos y que eran fijos en los cortijos) removían el estiércol con una horca de hierro para que se pudriera y poder usarlo como abono para las tierras.
- Mancillar tabaco: la cosecha de tabaco se recogía en verano y en el invierno, cuando llovía y había adquirido la suficiente humedad para que se reviniera, se convertía en fardos y se mandaba a la fábrica.
Los veranos eran calurosos y no olvidemos que no existían los frigoríficos ni el aire acondicionado. El agua, por ejemplo, se enfriaba enterrando el recipiente en tierra y rodeado de pasto.
A finales de mayo (había otra cosecha en septiembre) se recogían las patatas y esta labor se hacía con una azada , con el arado de palo tirado por una yunta de mulos o de vacas o el arado jabalí (tiene una vertedera que echa la tierra para ambos lados). Así se extraían de la tierra para, después, recogerlas y volcarlas en espuertas de goma.
- Azada: pala de hierro de forma cuadrada y cortante que se sujeta por un mango.
- Yunta: el aparejado de dos mulos para tirar del carro, trillo, arado o arrastre.
- Arado: El arado está constituido por el timón (donde se engancha el tiro por lo que tenía un ejero* con agujeros para meter la bija*) , dos rejas de hierro (que se hunden en la tierra para excavar los surcos) y la mancera (desde donde se gobierna).
- *ejero y bija no han sido localizadas en el DRAE.
Otros productos que se recolectaban eran el trigo, la cebada y la avena que se segaban a mano con la hoz, se gavillaban y se barcinaban con un carro y se llevaban a la era. Un dicho popular marca la fecha para extender la era: Hasta el día de S. Juan no pongas la era formal. La era tenía un lugar destinado para su ubicación, siempre el mismo, incluso se empedraba para que estuviese preparado de un año para otro. Previniendo el grano de posibles ladrones, había quien dormía en la era y este hecho servía de aventura para los más jóvenes, había quienes lo aprovechaban para iniciarse en las relaciones prematrimoniales.
Si se mojaba la mies había que volverla para que no se naciera. Un truco para no tener que volverla consistía en colocarla hacia arriba y así, si llovía y se mojaba, se oreaba sola. Más tarde se emparvaba y se trillaba con mulos o yeguas tirando de un trillo.
- Havillar: hacer manojos.
- Era: Espacio de tierra limpia y firme donde se trillan las mieses.
- Hoz: Instrumento que sirve para segar mieses y hierbas, compuesto de una hoja acerada, curva, con dientes muy agudos y cortantes o con filo por la parte cóncava, afianzada en un mango de madera.
- barcinar con el carro: coger las gavillas, echarlas en el carro y conducirlas a la era.
- nacer: entallecer al aire libre.
- emparvar: poner la mies tendida en la era para trillarla.
- trillo: tablón con cuchillas para quebrantar la mies tendida en la era. Realizado con tablas de madera, su anchura sobrepasaba poco el metro y la longitud los dos. Las tablas estaban unidas entre sí por tres travesaños, dos de ellos en los extremos anterior y posterior, el tercero se situaba en el punto donde la plataforma empezaba a levantarse ligeramente hacia arriba en forma de patín. La parte inferior estaba dotada con piedrecitas planas y cortantes blancas o translúcidas, incrustadas siguiendo líneas muy juntas a lo largo de toda la plataforma. En el centro del travesaño intermedio se alojaba un gancho donde se introducía la argolla que tenía en el centro un palo atravesado a modo de balancín. En los extremos del palo se aseguraban las trillaeras, especie de cuerdas largas que abrazaban pecho y omóplatos de las caballerías que tiraban del trillo.
Una vez en la era, la mies se juntaba en formas de barras para que los eristas la aventaran. Para esta labor se utilizaba el biérgol y la pala. Este aventado se repetía tres o más veces quedando el grano cada vez mas limpio y, por supuesto, buscando el momento más oportuno en que cambiaba el viento. Se cogía una palada de parva y se lanzaba en alto hacia adelante. El viento hacía que la paja fuera hacia un lado y el grano, al pesar más, caía en un montón un poco más adelante. Naturalmente esta separación no era del todo perfecta, por lo que había que pasar a la fase de cribar el grano. Con la criba se cernía el grano y se obtenían los granzones que servían de pienso para el ganado pues era frecuente contar con vacas suizas, mulos, yeguas y otros animales como conejos y gallinas. Al final se obtenían un montón de grano, otro de granzones y otro de paja.
- *Erista: especialistas en aventar la mies (término no encontrado en el DRAE y recogido a través de nuestros informantes).
- Paja: La paja es el tallo seco de ciertas gramíneas, especialmente los cereales llamados comúnmente de "caña" (trigo, avena, centeno, cebada, etcétera), una vez cortado y desechado, después de haber separado el grano.
- Biérgol: Instrumento para beldar, compuesto de un palo largo, de otro de unos 30 cm. de longitud, atravesado en uno de los extremos de aquel, y de cuatro o más fijos en el transversal, en forma de dientes.
- Aventar la parva: lanzarla al aire en días de viento, para que éste empuje la paja a un lado mientras que el grano, que pesa más, cae en vertical.
- Cribar: Pasar una semilla, un mineral u otra materia por la criba para separar las partes menudas de las gruesas.
- Granzón: El grano que no queda limpio.
Para saber la cuantía de la cosecha recolectada se medían por fanegas, envase de madera rectangular, que se llenaban de grano y se ponían a nivel con un rasero o radidor. Así se calculaba las fanegas de trigo que había dado la tierra. Más tarde se introducían en sacos o costales. En los costales cabían seis cuartillas, es decir, fanega y media, aunque esta medida es muy variable según las regiones.
Los costales se cargaban en caballerías para llevarlos hasta la casa. Allí eran cargados al hombro para almacenarlos.
Los costales se cargaban en caballerías para llevarlos hasta la casa. Allí eran cargados al hombro para almacenarlos.
- Fanega: 1.Medida de capacidad para áridos que es muy variable según las diversas regiones de España. Era una caja de madera rectangular y una de sus partes terminaba en una especie de escuadra para poder cargar y descargar mejor la mies.
2. Porción de granos, legumbres, semillas y cosas semejantes que cabe en esa medida.
Nota: En Lora del Río, una fanega, como extensión de tierra, mide 5.702 metros pero en pueblos de alrededor tiene otra medida (en Peñaflor, por ejemplo, mide 6.121 m.)
- Rasero o radidor: Palo para rasar la medida de la fanega
- Costales: sacos de tela de lienzo, estrechos y largos que se utilizaban casi exclusivamente para el transporte de grano.
Con la paja se hacía almiares o pajares que consistían en amontonarla con forma piramidal cuyo techo terminaba en paja podrida para que no se mojara. Otros la metían en el soberado. Para llevarla hasta allí utilizaban sábanas grandes con cuatro nudos hechos en los extremos.
- Almiar: Montón de paja o heno formado así para conservarlo todo el año.
- Soberado: Desván, sobrado.
Así llegábamos a agosto y en septiembre, con las nuevas aguas, comenzaba de nuevo el ciclo: labrar y preparar la tierra para sembrar. Al no existir abonos, era necesario dividir la tierra en partes dejando una de ellas descansar (dejarla vacía, en blanco, en barbecho...) y cultivar la otra.
- Barbecho: tierra labrantía que no se siembra en uno o más años.
El regadío llegó a Lora relativamente pronto. Sobre 1927 se implantó en el Valle Inferior del Guadalquivir, de Lora a Sevilla. El Canal del Genil inició su andadura aproximadamente en 1940 y el Bembézar, en 1968.
Las formas usadas en el regadío fueron cambiando con los tiempos. En un principio, se regaba por tornas (se cogían tres o cuatro machos); después, por moriscas (muchos machos dando vueltas); más tarde llegaron las gomas, el periquito y ahora, el goteo.
- Machos: Surcos que se construyen en el momento de la labranza de la tierra, siguiendo aproximadamente las curvas de nivel, cuidando que se tenga una pendiente uniforme El agua circula por el suelo y es un sistema de riego que exige mucha mano de obra.
- Gomas: Tuberías de goma que se extendían por los surcos e iban distribuyendo el agua mediante agujeros que dejaban salir el agua para cada chorro.
- Periquito: Consiste en un riego por aspersión mediante un mecanismo que esparce el agua por toda la superficie como si fueran gotas de lluvia.
- Goteo: Se trata de canalizar el agua con pequeños tubos hasta el pie de cada planta y dejar caer una gota cada cierto tiempo hasta completar las necesidades de cada planta.
En los años que nos ocupan el riego se hacía por turnos. La distribución se hacía por fanegas (cuatro horas por fanega). Cada treinta fanegas daban un hilo de agua (20 ó 25 litros/segundo/Hectárea). Cuando terminaba este turno había que esperar hasta que tocara otra vez, a los 10 ó 15 días. Por supuesto, se pagaba un canon que permitía mantener la infraestructura necesaria para que a todos les llegara el agua.
El sistema de regadío supuso un cambio en los productos cosechados. Tomaron auge el maíz o el algodón, que se recogía a mano, con una gran saca entre las piernas donde el recolector iba echando el algodón que se cogía de las matas. Cuando la llenaba la llevaba a que se la pesaran, pues el dueño de la tierra le pagaba por kilos, y la vaciaba en un remolque que, una vez lleno, era llevado a la factoría.
Finalmente, debemos hablar de una figura importante de esta época, y familiar entre los agricultores, como era la del Rural. Era un Guarda Jurado al servicio de la Hermandad de Labradores. Debían ser hombres de buen criterio y prestigio entre sus gentes, que cuidaran como suyo lo que era de los demás y llevar a cabo una norma: NO CUANTO HAY EN EL CAMPO ES DE TODOS. Tenían como misión vigilar cotos, villas, fincas, parques y pequeñas áreas rurales. Iban por el campo cuidando de que todo funcionara bien. Los agricultores acudían a ellos ante un robo o problemas con el paso de ganado ajeno por sus fincas. Los Rurales valoraban el daño causado y, si lo veían necesario, lo denunciaban.
Hoy día, con la mecanización del campo, estas faenas agrícolas y las figuras humanas retratadas en este artículo han pasado a la historia. Nuestra intención ha sido refrescar la memoria de los que las vivieron y acercar a los que, por edad, no llegaron a conocerlas.
Manuela Castillo Soler
Publicado en Revista de Feria de Lora del Río
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